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sábado, 5 de julio de 2008

Luis Aragonés

Ayer se preguntaba un alumno del MPA del CEU cómo es posible que a los dos seleccionadores nacionales que han conseguido grandes títulos (Pepu y Luis) los hayan despedido. A esto siguió una disquisición sobre nuestro carácter nacional, sobre el hecho de que nos guste levantar ídolos y a poco –como dicen en Iberoamérica- deiirbarlos. La envidia como pecado nacional.

Yo más bien pienso que es al revés. En ambos casos, Pepu y Luis, Luis y Pepu, el que no continuaran determinó su éxito.

Hoy la prensa económica analiza el triunfo del seleccionador de fútbol. Paz Álvarez en Cinco Días titula El liderazgo arrollador de Luis Aragonés con estas palabras: “Ha sido el gran líder para la selección española. Es modelo de un estilo de dirección que le llevado a ganar. Para ello ha prescindido de “estrellas”, ha impuesto su criterio y repartido el juego entre el equipo. Los jugadores le reconocieron su liderazgo, y esa es la máxima gloria de un directivo”. Y pregunta a seis expertos sobre el “sabio de Hortaleza”: “Ha demostrado que quien mandaba en el equipo ha sido él” (Santiago Álvarez de Mon, IESE), “primó al grupo por encima de personalidades” (Jesús Encinar, Idelista), “será eternamente joven, es un viejo roquero” (José Medina, Ray & Berndtson), “si hubiese estado en una empresa, hoy sería un jubilado” (Juan Mateo, Training Lab), “ha sabido hacer equipo” (Ceferí Soler, ESADE), “tal vez sea su educación la que no le deje aflorar sus emociones” (Diego Vicente, IE). A la mayor gloria de Luis. Es muy de agradecer las páginas que Paz Álvarez dedica a este asunto.

En La Gaceta, Juanma Roca dedica un espacio, dentro de su artículo Del jefe tóxico al dictador en la empresa a El perfil de “poli malo” de Luis Aragonés, el entrenador que enamoró a sus jugadores. “En muchos lances Aragonés sacó el látigo, pero siempre con un propósito: mantener el equipo por encima de las individualidades”. Y añade: “la responsabilidad del líder y de los empleados nace del compromiso y se basa en el trabajo en equipo, por el cual los empleados trabajan juntos desde puntos de vista independientes. Y el primer paso para que las personas se sientan genuinamente comprometidas es hacerlas votar por su líder”. En este caso, Juanma también destaca, como lo hace Paz, el manteo de los jugadores a su seleccionador, “por el que los jugadores le agradecieron la Eurocopa conquistada”.

En Expansión, Ignacio García de Leániz (compañero de los tiempos de Arthur Andersen) titula su tribuna Luis o la triunfante negación del carisma. Se refiere a la noción weberiana de líder carismático. “Su carácter taciturno, su lenguaje lenguaje entrecortado y su introversión distante acompañada de su torpe aliño indumentario perecen ciertamente alejadas del glamour que se presupone en el directivo presuntamente carismático. Y sin embargo, este Luis y no otro ha sido el responsable de una victoria épica a partir de un equipo históricamente acomplejado que ha encontrado por primera vez su autoestima con unos registros de calidad excepcionales en la historia de la Eurocopa. Y nadie duda, en una rara unanimidad nacional, que el principal artífice de este éxito ha sido Luis a quien el carisma no acompaña ciertamente, tal vez porque no hace falta para lograr un equipo de alto rendimiento”.

Estando básicamente de acuerdo con la mayor parte de los comentarios, me gustaría que se hubiera incluido un concepto clave, una meta-competencia: la serenidad. El Luis Aragonés que tanto alabamos ahora es la misma persona (aunque no el mismo carácter) que gritó a Reyes aquello de “a por el negro”, que tuvo encontronazos con Etoo en el Mallorca, con Romario en el Valencia, el de la polémica con Raúl… Lo que hemos visto en esta Eurocopa, en el Luis del final de su carrera, es un seleccionador que ha gestionado sus emociones (contra el Niño Torres tras el primer partido, en el debate Cesc-Xavi, poniendo a los suplentes contra Grecia, en la titularidad entre Villa y Güiza, criticando a Sergio Ramos) como pocas veces lo había hecho antes.

Es cierto que “Luis es la esencia del fútbol y, además, la transmite. Llegó el primer día y nos dijo: “Si no nos metemos en la final, no sé nada de esto y no valgo un pijo como entrenador”. Nos convenció de que éramos el mejor equipo del mundo. Él marcó los códigos, apostó por una idea y nosotros le seguimos” (Xavi Hernández, entrevista en El País, 2 de julio de 2008). Sí, Luis es un sabio, no cabe duda. Pero, ¿no ha sido realmente sabio cuando ha sido capaz de gestionar sus emociones? El Liderazgo es en más de un 90% pura inteligencia emocional, y éste ha sido un nuevo ejemplo de ello. Lo intelectual (el sabio) sin lo emocional (que pierde los papeles) no vale gran cosa. Saber sin hacer no es saber. Saber sin hacerlo sentir, tampoco.

Antes de partir para Turquía, Luis ha vuelto a las andadas en sus declaraciones a Marca: “el Rey es un poco madridista… y digo un poco por decir algo”, “Villar no me ha deseado suerte todavía, pero aún hay tiempo de que lo haga”, “me voy a Turquía, pero la verdad es que me hubiera gustado quedarme”, “temo que en Turquía no me entiendan bien”, “yo digo las cosas como las siento, aunque pueda sentar mal”. Me temo que su serenidad ha sido el sueño de una noche de verano. Entretanto, España es la selección nº 1 según la FIFA, algo que sólo han conseguido otros cinco equipos (Alemania, Argentina, Brasil, Francia e Italia). Tenemos que mantenerlo por muchos años.

Por otro lado, me gustaría que el triunfo de la selección se analizara en términos sistémicos, de múltiple liderazgo. El éxito se debe a la grandeza de Ángel María Villar, que ha “dejado hacer” al seleccionador. A la sangre fría del capitán, Iker Casillas, que es seguro, sereno y una persona de equipo al 100%. Al liderazgo conceptual de Xavi en el campo (“la idea es la misma que en el Barça de Cruyff: defendernos con la posesión”, “la victoria de España es el triunfo del juego de pase y yo, básicamente soy un pasador”). Y sobre todo a una cultura de alto rendimiento (un claro esquema de juego, que no fue traicionado por la presión y el nerviosismo) y a un clima de satisfacción, rendimiento y aprendizaje que bien merece un manteo al “coach” de turno. Un clima que podía haber desgraciado –y afortunadamente no lo hizo- no sólo la federación o el seleccionador, sino la prensa, todos y cada uno de los 23 jugadores convocados o algún elemento externo. Por eso Pudimos.

Y finalmente, un ejercicio de “ucronía”, de historia alternativa, una lección de humildad que no ha de reducir nuestra alegría y entusiasmo. Japón, semifinales del mundial de baloncesto 2006. España-Argentina. A 19 segundos, Calderón encesta falla su primer tiro libre, encesta el segundo y pone el marcador en 75-74. Posesión de balón para Argentina, que dispone de un mundo para ganar el partido. En el último segundo, Manu Ginobili anota y alcanza la final. España juega contra USA por la medalla de bronce y pierde de nuevo. Los “chicos de oro” quedan cuartos y Pepu no renueva contrato. Eurocopa 2008, domingo 22 de junio. Último partido de cuartos, Italia-España (nuestra selección no ha ganado a los transalpinos desde los Juegos de 1920). A pesar de que “la Roja” ha jugado mucho mejor, en uno de sus escasos ataques los “azzurri” marcan con un tiro a bocajarro de Camoranesi sin que Casillas pueda evitarlo con el pie izquierdo. Los italianos defienden su solitario gol como una muralla. 1-0. España se queda en cuartos de nuevo. Las críticas a Luis arrecian (¿cómo se nos ha ocurrido dejarlo en manos de un señor de 70 años que no ha llevado a Raúl, después de que el capitán blanco haya ganado su segunda liga consecutiva?). Así es el deporte: competición, esfuerzo, una chispa de fortuna que ayuda a los más preparados… no mitificación.

El talento es colectivo, es cuestión de sinergias, de una cultura de éxito, de un clima de satisfacción, rendimiento y aprendizaje. No busquemos exclusivamente liderazgos individuales, ni en Luis ni en nadie.