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martes, 29 de julio de 2008

José Luis de Ugarte

En la madrugada del domingo, víctima de una larga enfermedad, ha muerto José Luis de Ugarte, el mejor navegante oceánico español de todos los tiempos. Era una de las personas a la que más admiraba, un héroe de nuestro tiempo (tuve la suerte de navegar con él en el Atlántico –Cádiz-, en el Mediterráneo –Alicante- y en el Cantábrico –Getxo-, además de compartir bastantes horas reflexionando con equipos directivos o presentando libros). Para mí, siempre ha sido el ejemplo de hombre joven, aunque nos dejara casi a los 80 años de edad (ya se sabe, “uno es viejo cuando sus añoranzas superan a sus sueños”, y José Luis siempre tenía proyectos de futuro). Su desaparición me ha sumido en una enorme tristeza.

José Luis de Ugarte, cuya vida siempre ha girado en torno a la mar, era famoso por haber participado en diferentes regatas y pruebas náuticas en las que demostró con creces su bravura. Su primera travesía en solitario la realizó a los 40 años y, a partir de ahí, tuvo ocasión de repetir varias veces la experiencia.

Galardonado en 1993 con el premio de El Correo al mejor deportista vasco, Ugarte estuvo ligado a la náutica desde su infancia. "Mi afición por la mar, desde muy niño, rayó la obsesión. Recuerdo que era aún muy pequeño cuando al alba corría hacia la playa con la esperanza de encontrar alguna embarcación que, aprovechando la marea, estuviera carenando. Yo quería estar allí para ayudar o, mejor dicho, estorbar. Después volvía a casa lleno de arena, escaramujo y oliendo a brea y a salitre de mar. Para mí el mejor perfume que existe es el del salitre", resumía en una entrevista.

Nacido en Las Arenas el 6 de noviembre de 1928, hizo la mili en la Marina (a bordo del Martín Alonso Pinzón), fue Marino Mercante durante 14 años, abandonando esta profesión en 1960, año en que se estableció en Liverpool donde trabajó como proveedor de efectos navales. En cuanto pudo, adquirió un viejo pesquero de vela averiado, de 1907, de nombre Orion. En 1969 regresó a España, fijando su residencia en Sopelana, Vizcaya. Entre 1969 y 1989 fue representante en el País Vasco de la compañía inglesa Castrol. Durante algún tiempo fue delegado provincial de Vizcaya de la Cruz Roja del Mar, recibiendo la medalla de plata de dicha institución. También fue miembro de la Royal National Lifeboat Institution (RNLI), organización de Salvamento Marítima de Inglaterra.

Desde pequeño navegó a vela, primero en la clase Dinghy y después en cualquier embarcación que le permitiera navegar. Más tarde pasó a la clase Snipe y finalmente como Txo en los Star y seis metros.
Mientras duró su servicio en la Marina Mercante y en la Marina de Guerra, tuvo un largo paréntesis, aunque navegaba cada vez que sus obligaciones se lo permitían, en cualquier embarcación menor, incluyendo el bote de servicio de abordo, provisto de una vela latina o en las canoas de los indios del Amazonas, donde en cierta ocasión realizó con un indígena una expedición de 1.400 kilómetros por el río Madeira, uno de los afluentes del Amazonas.

Desde 1979 Ugarte participó en casi todas las regatas oceánicas en solitario, lo que le convirtió en uno de los tripulantes con mayor experiencia internacional en alta competición. En 1979 tomó la salida en la AZAB, de Falmoult a Azores y vuelta, recorriendo 2.400 millas en dos etapas. En esta competición ganó la segunda etapa y terminó segundo en la clasificación general.

Un año después participó en la OSTAR, de Plymouth a Newport (E.E.U.U.) surcando el Atlántico Norte. En la travesía se rompió el stay de proa cuando iba segundo en su clase, por lo que se vió obligado a desviarse para repararlo. Finalmente terminó la competición después de navegar mil millas más de las tres mil inicialmente previstas.

En 1984 volvió a participar en la OSTAR, llegando tercero a Newport y siendo el único español participante. Tres años después ganó la regata AZAB. En 1988 la OSTAR cambió de patrocinador y se denominó CARLSTAR, y nuevamente Ugarte volvió a cruzar el Atlántico de Este a Oeste alcanzando el tercer puesto a su llegada a Newport.

El 15 de septiembre de 1990, José Luis Ugarte, a bordo del barco BBV-EXPO'92, un velero monocasco de 18'28 metros de eslora, tomó la salida en Newport (Rhode Island, E.E.U.U.), para participar en la tercera edición de la BOC Challenge, que tenía prevista su finalización en mayo de 1991 y que el navegante vizcaíno culminó el 3 de abril en novena posición. En esta prueba invirtió un total de 140 días, 16 horas, 31 minutos y 11 segundos en recorrer las 27.000 millas. La BOC Challenge es la regata más importante alrededor del mundo por etapas para navegantes solitarios, y se organiza cada cuatro años debido su dificultad y elevados costes. Ugarte, el primer español que participó en esta prueba, navegó en solitario 27.000 millas (50.000 kilómetros), siguiendo la ruta Newsport-Ciudad del Cabo-Sidney-Punta del Este-Newport, gracias al patrocinio del Banco Bilbao Vizcaya y Expo'92.

Entre mayo y junio de 1991, participó en la prueba BOC Trasatlantic, que se disputó desde la localidad de la costa este estadounidense de Newport hasta la inglesa de Torquay, con un total de 3.000 millas marinas (4.800 kilómetros).

El 6 de abril de 1993 culminó la vuelta al mundo sin escalas para navegantes solitarios, la Vendée Globe, la más dura de las competiciones náuticas, al alcanzar el puerto francés de Les Sables d'Olonne con el velero "Euskadi Europa 93-BBK" y su vela mayor hecha jirones. Invirti" para completar las casi 28.000 millas un total de 135 días, 6 horas y 4 minutos en dar la vuelta al mundo y acabó en sexto lugar. A su llegada Ugarte tuvo unas palabras de recuerdo para los dos navegantes que fallecieron en la Vendée Globe: el norteamericano Mike Plant y el británico Nigel Burgess. Dos compañeros de regata muertos, una vía de agua en su barco que le hizo pensar seria y fríamente en la muerte, escasez de víveres y la ausencia total de viento que le retuvo siete días en el Ecuador y que estuvo a punto de acabar con él psicológicamente, llevaron a Ugarte a expresarse con meridiana claridad, en medio del gentío, tras el abrazo con su mujer Edith: «No era tan fuerte como creía», dijo de sí mismo. «Es una prueba inhumana. Nunca más; es algo que sólo se puede hacer una vez en la vida»..., si se tiene suerte de poder contarlo. Y José Luis pudo.

El navegante español reconoció así que los problemas superaron las previsiones que hizo antes de partir. En la regata contabilizó 18 temporales, vientos de más de 50 nudos, en muchas ocasiones de proa, averías gravísimas y largas encalmadas que le destrozaban psicológicamente. Tras culminar su larga odisea, la circunnavegación del mundo en solitario y sin escalas, prometió a su mujer no embarcarse nunca más en regatas oceánicas en solitario. En la Vendée Globe Ugarte fue el navegante de más edad en una competición dominada por treintaañeros.

Cónsul honorífico de Bilbao y premio Bizkaia de la Diputación, en 1995, su villa natal de Getxo le nombró hijo predilecto, puso su nombre a una calle que mira al Abra y llamó José Luis de Ugarte a la Escuela de Vela (tuve la suerte de acompañarle a esa Escuela en alguna ocasión). De todas esas distinciones, la que más sorprendió al galardonado, a juzgar por su primera reacción, fue la del Ayuntamiento de Getxo. «Nunca imaginé que iban a dar mi nombre a una calle», confesó al recibir la medalla de oro del municipio.
El Consejo Superior de Deportes le concedió la medalla al mérito deportivo en 1991, y el rey Juan Carlos le entregó el 16 de octubre de 1996 la del mérito naval.

Once años después de aquella Vendee Globe, José Luis volvió a las andadas náuticas. Mirando de reojo el Euskadi Europa 93, varado en el dique seco del Museo Marítimo de la Ría de Bilbao como testigo de su hazaña, sintió de nuevo la llamada de esa mar que nunca había abandonado y en la que había vivido incluso el nacimiento de su nieto.

Embarcado desde el 22 de octubre de 2004, volvió a sentirse el curtido y veterano lobo de mar que figura en el imaginario popular. La apuesta es de nuevo dar la vuelta al mundo (y van cuatro); esta vez, siguiendo la huella del más importante marino vasco, de su tierra, Juan Sebastián Elcano. A bordo de una réplica modernizada y con motor de auxilio, para evitar las calmas chichas, de la histórica nao Victoria. Eso sí, nada de soledad. Para la ocasión, se rodeó de un grupo de 20 personas, entre expertos marineros y científicos, que harían más llevadera la monotonía alrededor del orbe por el gran azul. José Luis de Ugarte, capitán de la Nao Victoria. Regresó en junio de 2005, después de visitar 32 puertos y 18 países –casi dio la vuelta al mundo por tercera vez- y haber recorrido 27.000 millas en una carraca, un barco del siglo XVI. Maravilloso.

Amante del deporte, corría y nadaba todas las mañanas (no perdonaba su paseo diario con su perro por la playa de Sopelana) y navegaba los sábados. También practicaba el esquí y era un entusiasta de la montaña. Asimismo, participaba como monitor en varios cursos para enseñar las técnicas de navegación a los niños.

José Luis Ugarte se casó con la inglesa Edith Loftus el 18 de enero de 1958, y tienen tres hijas: Jacinta María, Luisa Joan y Ana Elisabeth.

¡Con qué respeto y devoción le saludaba la gente de la mar! ¡Y cómo aprendían de él los directivos cuando combinábamos navegación y dirección! Recuerdo una vez, en la costa alicantina, que tras una travesía estábamos reunidos con los miembros del Comité de Dirección de una multinacional. Uno se quejó de la falta de viento. “Si no hay viento, se crea”, susurró José Luis de Ugarte. Y todos nos quedamos sorprendidos. Nos explicó cómo, claro está.

Nos queda su libro El último desafío, que narra su Vendee Globe, y un montón de recuerdos.

Elmundoviajes escribió: “...algún día pasará a la Historia. Si uno piensa en aventuras, la mente vuela hacia Robert Louis Stevenson; si lo hace sobre el mar, Conrad y Melville son los nombres que automáticamente vienen a nuestro pensamiento; si juntamos aventuras y mar, el inexcusable personaje que nos sugiere la memoria, menos tortuoso y más satisfecho de sí mismo, es José Luis de Ugarte.” Éste es el día. Descanse en paz una persona tan extraordinaria, cuya sonrisa era permanente.

“El mar me da fuerza y salud. (…) En mi casa los cuadros más bonitos son los de las ventanas que dan al mar y a la costa, y mi música preferida es el sonido de una ola rompiendo” (José Luis de Ugarte).

El funeral por José Luis de Ugarte se celebrará hoy a las 19.00 horas en la Iglesia de Nuestra Señora de la Las Mercedes, en Las Arenas. Desgraciadamente, no podré estar físicamente por viajar hoy mismo a República Dominicana. De otro modo, no me lo hubiera perdido.

3 comentarios:

aserto dijo...

mi primera noticia sobra Ugarte vino de seguir la navegación de Unai Basurko y ya me pareció digno de admirar el perfil del marino. Le tengo en la memoria junto a otro vasco ilustre como Jorge Oteiza y su afán por crear vientos en ausencia de ellos.

Pau dijo...

Que personaje más fascinante. Son personas que apetece conocer y gastar tardes y anocheceres de animada charla con él. Un hombre que sabe navegar con vela Latina, ya quedan pocos.
Este hombre sí es un héroe.

Juan Gabriel Veiga (kolo) dijo...

al leer esta noticia no puedo dejar de enviar a quien corresponda un sincero pesame por la partida de tan ilustre navegante, seguro que esta navegando con muy buen viento. mis mejores deseos desde bue, argentina