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domingo, 7 de octubre de 2007

Marina y las fotos de los reyes

De entre las distintas noticias interesantes de hoy domingo (el excelente artículo sobre Ubuntu de Laura de Cubas en infoempleo, las declaraciones de Fernando Alonso, la columna de Emilio Ontiveros sobre “capitalismo bueno y malo” en El País, la entrevista a Sergio Allard, Director Comercial de Spannair en La Razón, El Ojo Crítico de José Manuel Casado en Expansión & Empleo), me quedo con La frase (34) de mi admirado José Antonio Marina en El Mundo. Se basa en la pregunta del juez Grande Marlaska al acusado de quemar el retrato de los reyes: “¿Crees que hay límite a la libertad de expresión?”.

Marina escribe: “Voy a cambiar de táctica respecto a Educación para la ciudadanía. En vez de meterme en el zafarrancho de descalificaciones episcopales, de insultos radiofónicos, y de ayudas envenenadas –como las del vídeo de las Juventudes Socialistas, porque con esos amigos, uno casi prefiere a los enemigos-, pondré ejemplos claros de lo que debe saber todo ciudadano. La pregunta de Marlaska es un buen caso. El derecho a la libertad de expresión está reconocido en el artículo 20 de la Constitución española y no puede restringirse por ningún tipo de censura. Pero en el apartado 4 se señala que “estas libertades tienen su límite en los derechos reconocidos en este título (derechos fundamentales), en las leyes que los desarrollan, y especialmente en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen, y a la protección a la juventud y a la infancia”. Más claro, agua. Puede ocurrir que dos derechos –el de libertad de expresión y el derecho a la intimidad, por ejemplo- entren en colisión. En el infame acto que nos ocupa, no hay justificación posible. Ni el rey ni la reina merecen ese comportamiento indigno. Ni el resto de los españoles. Y tampoco los nacionalistas responsables que se están desprestigiando con semejantes irresponsabilidades. Esos inciviles –y los adultos que los jalean- deberían ir a una escuela donde les explicasen el complejo juego de derechos y deberes políticos y éticos que sustentan una democracia. Necesitamos EpC hasta en la sopa”.

No puedo estar más de acuerdo. Muchos de los tertulianos (incluyendo los abiertamente monárquicos, como Luis María Ansón ayer en el programa de televisión La Noria) justifican la quema de retratos de los de los reyes por la libertad de expresión y deberían estudiar, como dice Marina, Educación para la Ciudadanía. Cuando los derechos colisionan, hay que saber muy bien cuál prevalece. Para eso, los españoles nos hemos dotado, desde hace 30 años, de una magnífica Constitución.