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viernes, 5 de octubre de 2007

Humanismo y Renacimiento

Santander ha celebrado ayer y hoy las XI Jornadas de Organismos Nacionales de Resolución Extrajudicial de Conflictos Laborales, con representantes del Estado y de todas y cada una de las 17 comunidades autónomas. He tenido el privilegio de presentar la ponencia final (El Talento en la Negociación) y escuchar las palabras de clausura de la Vicepresencia y Consejera de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno de Cantabria, Dolores Gorostiaga. Muchos piensan que Lola Gorostiaga es uno de los valores más firmes del Partido Socialista, y hoy lo ha demostrado una vez más. Se ha referido a la voluntad de seguir apoyando este modelo democrático de relaciones laborales (Orecla, el Organismo de Resolución Exrajudicial de Conflictos Laborales de Cantabria, ha cumplido 10 años, y su labor se reconoce nacional e internacionalmente), a que éste es un proyecto compartido por patronal y sindicatos (junto a ella estaban en la mesa el secretario general de CEOE-Cepyme, el de CCOO y la de UGT de la región) y se refirió a "un mercado laboral dinámico en el ques e palpan continuas redefiniciones de lo que entendemos por relaciones laborales".
En el vuelo de vuelta he leído Humanismo y Renacimiento, una selección de textos de Lorenzo Valla, Marsilio Ficino, Poliziano, Pico della Mirandola, Pomponazzi, Castiglioni y Guicciardini realizada por Pedro Rodríguez Santidrián, que ha reeditado Alianza Editorial este 2007. En la introducción cita a Agnes Heller (El hombre del Renacimiento, 1980): "Todo aquello que los pensadores renacentistas creen y afirman del hombre se transforma en las modalidades y atributos del "eterno humano" y el "universal humano". El Renacimiento descubre que el hombre es libertad -libre albedrío- entendida ahora no simplemente como capacidad de obrar el bien o el mal, sino como capacidad de infinitas alternativas. Para unos la culminación de la libertad era el autodominio absoluto; para otros, la humanización del conjunto de instintos y pasiones; para éstos significa la toma total de la autoconciencia; para aquéllos, la reproducción completa del macrocosmos en el microcosmos; hubo quienes interpretaron el libre albedrío o la la libertad como la toma de conciencia de las facultades esenciales de uno mismo, para considerarla otros como el dominio del mundo exterior de la naturaleza objetiva". Fascinante. Leer a los contemporáneos de Leonardo, comprender su sentido de la libertad, es delicioso y enormemente práctico (para la negociación, para la empresa, para la sociedad, para la vida). Como escribió el propio Da Vinci (y es aplicable a los inicios del siglo XXI como a los del XVI), "no estamos ante una época de cambios, sino ante un cambio de época".