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domingo, 21 de octubre de 2007

Hamilton, Ron Dennis y San Martín

"Con toda serenidad, los que creemos que en este mundo guarda cierta justicia redistributiva, aplicamos respecto a este caso (con el debido respeto) el conocido refrán español: “a cada cerdo le llega su San Martín”. Sí, ya sé que según un reciente informe de Korn Ferry tres de cada cuatro españoles piensa que lo haría mejor que su jefe, pero de ahí a torpedearle conscientemente hay mucha distancia (una distancia que la ética no nos debería permitir realizar)". Este párrafo procede del artículo Ganar a tu compañero de Cinco Días el pasado fin de semana, en el que explicaba que tal vez Hamilton había proclamado su victoria demasiado pronto (se han publicado nada menos que seis biografías del no-campeón británico) y la justicia se ha producido.
Hamilton ha pagado la novatada, y su escudería también. No apostaron por el bicampeón al que habían contratado y hoy mismo el coche de Alonso no podía seguir a los de McLaren (¡qué curioso!). Ha faltado apoyo a Fernando, al que consideraron el enemigo en la segunda mitad del año. Ferrari sí ha sido un equipo, porque Alonso fue campeón del mundo hasta la vuelta 70 (Massa cedió el primer puesto a Raikonnen). Nuestros compatriotas estaban contentísimos "porque no ha ganado Hamilton": los pueblos son muy sabios y éste chaval (un tramposo que hoy acabó en la cuneta durante la salida y en la octava vuelta se le bloqueó el cambio) ha pasado de héroe a un desgraciado. "Ganó un deportista, ganó un campeón", decía la gente refiriéndose a Kimi.
La verdad es que los ingleses han pasado un auténtico calvario este fin de semana: ha perdido en fútbol contra Rusia 2-1 y reduce sus opciones de alcanzar la eurocopa; derrotados por Sudáfrica en la final del campeonato del mundo de rugby, no han podido revalidar su primer puesto hace cuatro años y ahora Hamilton y McLaren quedan en el mayor de los ridículos. El individualismo anglosajón está de capa caída.
Un éxito para el trabajo en equipo. El talento colectivo genera sinergias. Las trampas, por muy bien que nos las vendan, no funcionan ni en la empresa ni en el deporte ni en la vida en general.

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